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La disciplina castrense va más allá de lo que son las normas de conducta que deben respetar los integrantes de una fuerza militar. No sólo establece límites y obligaciones. Los que reciben una educación castrense en algún momento de su vida aprenden a compartir, a no pensar en uno mismo sino a pensar en sus compañeros. Aprenden a que los momentos difíciles unen más. Aprenden a que no es cuestión de batalla sino cuestión de lucha por unos ideales. Va más allá de armas, va más allá de victorias, va más allá de derrotas. Va de seres humanos.

«La Mili»

A mi padre le apasionaba el mundo militar en el ámbito estratégico y poético, pero lo detestaba en el ámbito práctico del campo de batalla. Nunca estuvo a favor de las guerras, siempre creyó que los conflictos se podrían solucionar de forma pacífica y sin mediar armas ni muertes. Como dijo Pedro Calderón de la Barca, hombre de letras y hombre de armas, en las  últimas estrofas  de su verso  “La Milicia”, las cuales están grabadas en la entrada de la Escuela Naval Militar de Marín, :

“Aquí, en fin, la cortesía,

El buen trato, la verdad,

La fineza, la lealtad,

El honor, la bizarría;

El crédito, la opinión,

La constancia, la paciencia,

La humildad y la obediencia,

Fama, honor y vida son,

Caudal de pobres soldados;

Que en buena o mala fortuna,

La milicia no es más que una

Religión de hombres honrados”

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Tenía guardados en su despacho algunos objetos de carácter militar, como son unos gemelos con la insignia del Servicio Geográfico del Ejército. Dicho servicio tiene como misión principal proporcionar a los usuarios militares la información y el apoyo geoespacial necesarios para el planeamiento y conducción de operaciones militares. Asimismo, es el órgano responsable del asesoramiento en los aspectos operativos, logísticos y técnicos en materia de geodesia y topografía.

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Mi padre atesoraba muy buenos recuerdos de su paso por la mili, que era el servicio militar obligatorio. La mili, estuvo vigente en España desde el reinado de Felipe V y su objetivo era enseñar aptitudes militares a miles de jóvenes cada año para engrosar la lista de reservistas. Era modelo de reclutamiento masivo ante la posibilidad de que se iniciara un conflicto bélico. Hasta 1968, la mili duraba 2 años, pero en esa fecha pasó a los 18 meses. En 1984 se rebajó a 1 año y en 1991 se estableció en 9 meses. El 9 de marzo de 2001 se aprobó el decreto que suspendía la mili a partir de diciembre de ese año.

En la actualidad, varios países europeos se están replanteando o dando pasos para recuperar un servicio militar que años atrás ya habían descartado. El más reciente es Alemania que ve  los vientos de guerra que soplan desde la vecina Rusia. Mi padre hubiera estado encantado que volviese la mili ya que pensaba que a muchos de los jóvenes de hoy en día les habría venido bien para espabilar.

Mi padre hizo la mili en el cuartel “El Goloso” (mis hermanos y yo siempre nos reíamos cuando oíamos ese nombre). Ese cuartel era una base militar española que se encontraba situada entre Madrid y Tres Cantos, lindando con el término municipal de Alcobendas. Tuvo mucha suerte porque le destinaron en Madrid y así no estaba lejos de su familia.

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Recordaba las buenas amistades que hizo y los buenos momentos pasados. Alguna vez le tocó pelar patatas o pasar una noche en el calabozo por incumplir alguna regla, pero fueron las menos, ya que mi padre era muy disciplinado en todo lo que hacía. Recordaba la rapada de pelo, el vestir uniforme, los madrugones para estar en la comandancia a su debida hora, los paseos en la caja de carga de algún camión, la asignación de brigada, los continuos pases de lista, las guardias con los sargentos y  pegar tiros con el fusil.

Mi padre nos contaba que hacían marchas muy duras de entrenamiento llevando siempre consigo la mochila con utensilios para hacer maniobras y con el fusil que pesaba lo suyo.

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Nos contaba algún chiste de la mili como el que decía:

Estaba un sargento pasando revista a unos reclutas y el sargento le pregunta a uno de los reclutas: “¿De cuántas partes se compone un fusil?” y el  recluta le contesta : “De dos, Señor, de Fu y Sil”. Entonces el sargento, que se mosquea con la contestación, le dice alterado al recluta: ”Con qué de cachondeo, ¿no?” y el recluta le contesta: “¡No de Calahorra, Señor, para servirle a usted y a la patria¡”. Ante tal atrevimiento, el sargento le suelta un buen tortazo al recluta en plena jeta y la mejilla del soldado empieza a calentarse y a enrojecer. Entonces añade el sargento : ”¡Y esto no quedará así recluta¡” y el recluta, como siempre tan acertado en sus contestaciones, le dice al sargento: “¡No, Señor, esto se hinchará y pondrá morado con el tiempo! ”.

Guardaba su “Cartilla Militar de Tropa y Libreta de Movilización”. Era una cartilla de tapas verde caqui.

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El nº de la cartilla era el 3692611. En ella quedaba inscrito que mi padre  ingresó en  caja recluta 3 el 1 de agosto de 1965 con la clasificación de soldado,  dependiente de la Zona de Reclutamiento y Movilización nº 1 y quedaba alistado para el reemplazo del año 1965.

En esa cartilla, también se daba información adicional como que mi padre era soltero, católico, ingeniero industrial, que no era conductor de vehículos automóviles, que sabía leer y escribir y que como idioma sabía el francés. También se aportaba información sobre su constitución física: medía 1m 70 cm, altura de la que mi padre estaba muy orgulloso, pesaba 63 kg, tenía un perímetro torácico de 93-87-90 y pertenecía al grupo sanguíneo “B”.

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También aparecían las impresiones de las huellas digitales del dedo pulgar, índice, corazón, anular y meñique de su mano derecha.

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El 20 de abril 1972, el Capitán General de la Primera Región, y en su nombre el Primer Jefe de Grupo de Artillería A. T. P Brigada Acorazada XII, le nombraron Cabo Primero. Su especialidad adquirida durante su permanencia en filas fue la de Ingeniero Topográfico (Calculador). El 26 de diciembre de 1981 pasó la última revista periódica reglamentaria y el 1 de enero de 1982 se le concedió la Licencia Absoluta.

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Durante su última estancia en el hospital recordaba cuándo prestó juramento de fidelidad a la Bandera. Recordaba las marchas militares que le acompañaron al desfilar. Recordaba besar a su amada bandera . Y se emocionó mucho. Me dijo: “¡Hace ya cincuenta años que juré la bandera! ” y una lagrima cayó por su mejilla. Mi padre juró bandera el 26 de septiembre de 1971.

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Curiosamente, y enmarcado dentro de los actos conmemorativos del Día de las Fuerzas Armadas  de 2022, el 14 de mayo, a las 12.00 horas, tuvo lugar en la plaza del Pilar de Zaragoza una Jura de Bandera para personal civil, lo que permitió que los españoles mayores de edad que deseasen prestar juramento, o promesa, ante la Bandera, manifestando su compromiso con España y su defensa, pudiesen realizarlo ante las Enseñas Nacionales de las Unidades del Ejército de Tierra, del Ejército del Aire y de la Guardia Civil de Zaragoza. Estoy segura que si mi padre hubiese estado vivo, hubiera acudido a tal evento para volver a sentir el orgullo de jurar fidelidad a su Bandera.

Con el monólogo, “¿Es el enemigo? ¡Qué se ponga!” del humorista Miguel Gila, mi padre se reía a carcajadas. De hecho adoptó en su vocabulario esas  dos frases de inicio del monólogo y si, por ejemplo, mi padre  llamaba a un amigo para felicitarle, siempre decía : “¿Está el del cumpleaños? ¡Qué se ponga!”. Pues así ordenaba Gila con el tubo del teléfono pegado a su oreja. Así empezaba su rutina. Sólo se escuchaba una de las voces en la conversación, la suya. Lo demás estaba fuera de campo. Se intuía, se sabía por sus réplicas que eran inteligentes, graciosas y hasta tiernas, pero nunca condescendientes. Para muestra unos cuantos botones de las razones por las que mi padre se reía tanto con ese monólogo de Gila en el ejército:

“¿Es el enemigo? ¡Qué se ponga!  ¿Ustedes podrían parar la guerra un momento?… ¡Que si pueden parar la guerra un momento!. Ahora sí le escucho. Le quería preguntar una cosa. Esto,  ¿ustedes van a avanzar mañana? ¿A qué hora? Entonces ¿cuándo? ¿el domingo? . Pero ¿a qué hora? Ah! A las siete estamos todos acostados. Y ¿no podrían avanzar por la tarde? Después del fútbol”.

“¿Van a venir muchos? ¡Hala!, que bestias. Yo no sé si habrá balas para tantos. Bueno, nosotros las disparamos y ustedes se las reparten. Ayer estuvo aquí el espía de ustedes, Agustín, uno bajito, vestido de lagarterana. Que se llevó los mapas del polvorín, que los traiga que sólo tenemos esos. Bueno, pues que haga una fotocopia y nos los devuelva. Sí, porque ahora no encontramos el polvorín. De acuerdo.”

“Y, podría parar la guerra una hora o así, porque se nos ha “atrancao” el cañón… El sargento… que ha metido la cabeza dentro para pasar revista y no la puede sacar. Está vivo porque le oímos, decir “¡sacadme de aquí! ” y hemos “probao” con jabón, pero se le pone el pelo rubio, pero no sale. Pues es verdad, a lo mejor disparando se desatranca, no se nos había ocurrido. Bueno, entonces quedamos así. De acuerdo, hasta el domingo. ¡Que usted lo mate bien! Adiós”.

“¿Es la fábrica de armas? ¿Está el señor Emilio, el ingeniero? ¡Que se ponga! De parte del ejército. Sr. Emilio, que le llamo para un asunto de reclamaciones. Que de los seis cañones que mandaron ayer, vienen dos sin agujero. Pues estamos disparando con la bala por fuera, o sea, al mismo tiempo que uno aprieta el gatillo, otro corre con la bala. Sí, pero se cansa y la suelta… Pues no sabemos dónde, porque como no vuelven… Y ¿ustedes no venden los agujeros sueltos? Bueno, mándeme dos contra reembolso, o tres por si se pierde uno. De acuerdo”.

“Otra cosa, el submarino que mandaron ayer, de color bien, pero no flota. “Nada”, lo echamos al fondo del mar después de comer y todavía no ha subido. O sea, que era un barco. ¡Jo!, pues nos costó un trabajo hundirlo… Claro, pero con una cosa de ese precio, ¡se manda por lo menos un folleto! … No, mande otro que ese estará todo “mojao”.

“Y le quería preguntar, ¿a cómo están las ametralladoras? ¿Y si compramos dos? No tenemos, estamos usando un fusil corriente  y lo dispara un tartamudo, claro, pero no es lo mismo, no mata igual. Y tampoco tenemos tanques, usamos un seiscientos con un enano y en lugar de disparar, insulta. Bueno no mata, pero desmoraliza. Y en aviación nos queda un paracaidista, pero vale solo para una vez, porque los estamos tirando sin nada, por ahorrar ”.