Vacaciones en Caldes de Montbui
En el año 1985 nuestras vacaciones de verano familiar fueron inusuales. En ese año nuestra intención era volver de vacaciones a Valldoreix, como hicimos el año anterior, pero el Sr Abad, el dueño de la finca que alquilábamos en Valldoreix, ya había arrendado su propiedad.
Mis padres entonces decidieron que podríamos visitar Hellín (Albacete), la ciudad dónde había nacido mi madre. Allí estuvimos un par de semanas, y lo que recuerdo es muchísimo sol, un calor asfixiante y muchos olivos. Ese verano fue en el que, como mencioné en otro capítulo de este blog, mis padres, mis hermanos y yo perdimos en Hellín el autocar que nos llevaba de vuelta a Tarrasa.
Mis padres pensaron que aún podríamos aprovechar más el verano y conocer algún lugar relajado no muy lejos de Tarrasa. Mis padres querían buscar un lugar con vegetación y buscando y buscando se encontraron Caldas de Montbui. Situado en la comarca del Vallés Oriental, en la provincia de Barcelona, Caldas de Montbui es un municipio que se encuentra a unos 35 km al norte de Barcelona.
El nombre de «Caldas» tiene que ver con la palabra «cálida» o «caliente» y se refiere a las aguas calientes que en Caldes de Montbui salen del interior de la tierra a una temperatura de 74 °C. Así que Caldas de Montbui es un pueblo termal. De hecho los romanos ya aprovecharon esta agua y construyeron allí un balneario que en parte se ha conservado hasta nuestros días. Son las termas romanas mejor conservadas de la península. A partir de esta actividad balnearia, que adquiere importancia a finales del siglo XIX, se ha desarrollado el crecimiento urbanístico del municipio, contribuyendo asimismo a este crecimiento su entorno natural y su clima benigno.
Caldas de Montbui ostenta el honor de tener la fuente con el agua más caliente de Europa, la fuente del León (Font del Lleó), construida en 1581, y que fue renovada en 1822 y en 1927. El león es el símbolo de la villa. Esta fuente es uno de los manantiales de agua termal más característicos de Cataluña. El agua sale a 74 º C de temperatura, una de las más elevadas de Europa. No puedes resistirte a la tentación de poner la mano en el agua ¡Aunque más vale que te resistas porque quema mucho! El agua que sale de esta fuente no varía nunca en cantidad. Contiene cloro, flúor, bromo y yodo y sirve para combatir la artritis, fracturas etc.
Esta fuente se encuentra en la plaza de la villa donde también están situadas las termas romanas, el ayuntamiento, el balneario de las Broquetas y el museo de Manolo Hugué. Y fue en el Hotel Balneario Broquetas donde mis padres mis hermanos y yo nos alojamos durante dos semanas.
Recuerdo que en la entrada del hotel habían varias vitrinas y en su interior muchas figuras de búhos. Y es que desde el principio de los tiempos, los búhos se han asociado con la sabiduría y la intuición. Además de ser considerados como los mensajeros entre el mundo de vivos y el inframundo. Este animal fue muy importante en algunas civilizaciones antiguas, como la griega en la que era asociado con la diosa de la sabiduría y con la riqueza por estar estampado en las monedas, y en otros casos los búhos fueron vistos como símbolos de buena suerte ¡ Nos causó muy buena impresión esa entrada con tanta buena energía procedente de esas aves nocturnas! Y a mi padre le hacían muchísima gracia ver todos esos búhos dentro de las vitrinas.
El hotel estaba rodeado de vistosos jardines ornamentados.
El interior fue inicialmente un balneario Modernista en un edificio de tres plantas.
A lo largo de los más de dos siglos de su historia, se ha ido ampliando y ha incorporado nuevas instalaciones como piscina exterior, restaurante y parking. En la actualidad cuenta con dos piscinas comunicadas, una cubierta y otra al aire libre, ambas climatizadas. Cuando estuvimos nosotros allí sólo había una piscina exterior, que además nos resultó muy curioso que la piscina estuviese en la segunda planta.
Había un salón común para todos los huéspedes del hotel en el que podías ver la televisión, leer o practicar juegos de mesa. Cuando mis hermanos y yo íbamos a ese salón a ver la televisión, había que «negociar» con los allí presentes, la mayoría gente mayor, qué canal poner en la televisión. Nosotros queríamos ver dibujos y series juveniles y el resto noticias y documentales. l final siempre llegábamos a un entendimiento y ambos públicos quedábamos satisfechos.
Recuerdo que en ese hotel comíamos muchísimo. Y es que primero tomábamos en la comida los tres platos de rigor y el postre que nos servían en el Restaurante del Hotel Broquetas. Este restaurante se concibió como un punto de encuentro en el que disfrutar de una propuesta gastronómica diferente, basada en un concepto de cocina sana y de proximidad, elaborada con creatividad y con productos de temporada. Porque lo natural, no esta reñido con el buen sabor. Y cierto era, todo estaba buenísimo, todo era muy natural y todo se servía en raciones abundantes. Pero después de comer y descansar en el hotel, mis padres mis hermanos y yo nos íbamos de paseo y nos caía algun helado, algún pastel, o ambos.
Fueron unas vacaciones de auténtico relax, en lo que primaba descansar, dar paseos tranquilos por la zona y disfrutar por las noches de la música que tocaba un dúo alemán contratado por el Hotel. Mi padre que era un poco vergonzoso a la hora de bailar, alguna vez se lanzó a la pista. Nos hicimos amigos especialmente de la cantante del dúo e incluso conocimos a la madre de ésta. Como bien podría decirse, tuvimos durante esas vacaciones una cura de bienestar.























