Seleccionar página
¿Cuándo uno es demasiado mayor como para ir con sus padres de vacaciones? Si me lo preguntan a mi contestaría que nunca. Curiosamente cuando uno se hace mayor valora más el tiempo que pasa con sus padres. Y si ese tiempo que pasas con tus padres es en un lugar en el que se está relajado y se comparte ocio, lo más seguro es que te sorprendas descubriendo en tus padres facetas que desconocías. Porque no sólo se descubren lugares sino que también se descubren personas ¿Qué hay más bonito que descubrir algo que pensabas que ya habías descubierto? 

Vacaciones en Blanes (parte III)

Como mis tías vendieron el apartamento en Los Europa” mis padres decidieron buscar unos nuevos apartamentos dónde pasar las vacaciones de verano en Blanes. Por aquel entonces mis hermanas y yo rondábamos los veintipocos años y mi hermano estaba en la adolescencia temprana. Seguíamos yendo de vacaciones con mis padres y seguíamos eligiendo Blanes como destino. Y es que era muy habitual que diversas generaciones de la misma familia escogieran Blanes como lugar de vacaciones porque allí se encotraban como en casa. La historia turística de este municipio estaba marcada por la acogida a las familias que buscaban actividades, instalaciones y servicios preparados para pequeños y mayores. Además, la certificación como Destino de Turismo Familiar de Blanes es la primera que se otorgó en la Costa Brava.

Por ello, y muchos más, mis padres volvieron a escoger Blanes y escogieron, en esta ocasión, los apartamentos Corona también situados en la zona de Los Pinos” de Blanes porque como se dice no hay dos sin tres. ”Los Corona” eran cinco bloques de apartamentos cada uno de nueve plantas. Los toldos de la fachada exterior de cada bloque alternaban en color, o bien rojo o bien verde, y se asomaban a un jardín de césped en el centro del cual estaba la pisicina.  En el jardín había, como no podía ser de otra forma por aquella zona, unos pinos piñores que proporcionaban sombra en los días en los que el sol no perdonaba.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Los apartamentos Corona estaban al lado de los apartamentos Mediterráneo, nuestros primeros apartamentos en Blanes. La cercanía entre ambos complejos residenciales  generaba cierto grado de rivalidad entre ellos e incluso ciertos piques. En el fondo, era una competición que beneficiaba a los dos al querer ser uno mejor que el otro. Si uno hacía una cosa, el otro procuraba mejorarla para su propio bien e incluso para fastidiar al otro. Pero el tema no iba más allá de esa rivalidad por intentar ser mejor.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

En «Los Corona» estuvimos varios veranos. A mi padre le gustaban mucho esos apartamentos. No eran bulliciosos y la gente era bastante agradable. Siempre alquilábamos el apartamento a un señor que se llamaba Cándido y el apartamento estaba muy bien acondicionado. Pero hubo un año en el que Cándido no pudo alquilarnos su apartamento y tuvimos que alquilar otro en esa misma urbanización. Sin embargo el cambio no fue bueno ya que con el nuevo apartamento nos dieron gato por liebre. A mi padre no le gustaba para nada que le tomasen el pelo, así que ni corto ni perezoso decidió, al día siguiente de pasar una noche de perros en unos colchones que estaban más bien para tirar, que nos fuésemos de ese apartamento.

Y claro nos encontramos una familia de seis personas en pleno agosto en Blanes, que estaba a rebosar de gente, y sin un lugar en el que alojarnos. Suerte que mis padres encontraron la solución a nuestros males y, después de pasar un día entero buscando, encontraron una casa unifamiliar con dos plantas en la calle Lluís Companys y Jover n⁰ 14. Esta casita tenía la la playa a unos pasos. Tenía la fachada toda pintada de blanco y tanto las ventas exteriores como la puerta exterior tenían unas rejas de hierro forjado negro para proteger la casa. Había un patio interior y también había un garaje de una plaza, lo cual a nosotros no nos importaba porque no teníamos coche.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

El dueño de la casa se llamaba José y tenía unos setenta y muchos años. Era un hombre muy peculiar porque aún estando nosotros viviendo en su casa como inquilinos él entraba cuando quería, y sin llamar, porque tenía llave. Un día te podía pillar desayunando, y otro día te podía pillar poniéndote las cremas para ir a la playa. Sin embargo, nos adaptamos a esa extraña circunstancia. Era la época en la que teníamos de mascotas a nuestro querido gato Ulysses y a unas tortugas. Pues bien,  a mi padre le hizo mucha gracia un día que José, al que llamábamos siempre el señor José, entró como Pedro por su casa con su nieto llamado Aniol, nombre de origen catalán, y mirando a las tortugas dijo con un tono muy divertido:

«Mira Aniol, las tortuguitas”

En la casa del señor José, Ulysses, como sus amos, también disfrutaba del verano. Allí se lo pasaba en grande porque le dejábamos un poco más de manga ancha. Hasta que un día vino con una oreja mordida y le vimos con malas compañías gatunas y decidimos que lo vigilaríamos más de cerca. Descubrimos que solía fugarse por los barrotes de una verja que había como entrada y salida del patio interior de la casa. Así que mi padre, empeñado en que su gatito no se escapase y corriese desventuras, se ponía sentado en una silla en la rampa que accedía a esa verja y aprovechaba a leer o simplemente vigilaba que el mínimo no cogiese las de Villadiego. Fue en esa casa dónde, como comenté en el capítulo dedicado a Ulysses, mi padre lo intentó sacar a pasear con un arnés y no logró tal empresa porque el gatito se asustaba con todos los ruidos del exterior.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

En esa casa pasamos muy buenos ratos con familiares y amigos.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Sonadas eran las barbacoas que, aproximadamente una noche cada una o dos semanas, hacíamos en el patio interior. A esas barbacoas acudían mis tías, «Los Florindos”, y amigos nuestros como Cristian, Diego, José y Juan. «Los Florindos» por ejemplo se encargaban de traer longanizas, butifarras y similares y nosotros por ejemplo comprábamos las sardinas.

Mi madre era la jefa de la barbacoa, la que hacía el fuego y la que lo mantenía, e indicaba cuando se podían empezar a poner los alimentos para asar ¡La cantidad de pavesas que se generaban por el fuego¡ Recuerdo que mi madre acaba con el pelo de color casi gris porque se le llenaba de esas partículas incandescentes que se desprendían de las ramas y hojas secas que estaban ardiendo. Cuando mi madre se cansaba de atizar el fuego, y estar al lado de la barbacoa, mi padre la sustituía.

Veladas en el patio interior, sentados todos en mesas improvisadas porque no habían bastantes mesas en casa para nosotros y los invitados, oliendo a brasa, comiendo y bebiendo. Contando anécdotas en las que mi padre y Juanito, como llamaba mi padre al patriarca de «Los Florindos», se daban el relevo. Oyendo risas y carcajadas, disfrutando de la compañía, llegando a sobremesas interminables con algún postre que endulzaba nuestros paladares.

Y luego despedirnos de nuestros invitados, que eran nuestros amigos y familiares, todos diciendo lo bien que nos lo habíamos pasado y lo bueno que estaba todo. Diciendo que deberíamos volverlo a repetir y sabiendo que lo íbamos a repetir en una semana o dos. Sabiendo que volveríamos a ser felices en ese pequeño mundo en el que vivíamos.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

A esta casa vinieron a pasar algún verano, los novios y novias de cada uno de los nenes de «El Gran Pakitín». Se pasó Javi, el que fue marido de mi hermana Patricia. Estuvo Gonzalo, el que fue novio de mi hermana Irene. Y también Roger, «el ínclito», otro novio de mi hermana Irene. Vino Diana, la que fue la primera novia de mi hermano Nacho. Y estuvo, el que fue mi novio holandés, Paul. Todos esos novios, y novias consortes, a mi padre le gustaba mucho emplear la coletilla de consorte, se lo pasaron muy bien en aquella casa. Mi padre estaba encantado de estar rodeado de los suyos y de sus posibles yernos y yerna. Disfrutaba de que estuviésemos todos juntos, todos felices.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Todo empieza pero por desgracia también todo acaba y las vacaciones familiares en Blanes terminaron porque mis hermanos y yo nos hicimos mayores y empezamos a trabajar y cada uno tenía vacaciones en meses diferentes y era más complicado hacerlas coincidir. Mis tías, se resistían a dejar Blanes y compraron algún otro apartamento allí.  Pero finalmente adquirieron un chalet precioso en Palamós, también en la Costa Brava, a unos 60 km de Blanes. Allí fuimos de veraneo todos nosotros, pero no coincidimos todos juntos. Aunque las vacaciones familiares en Blanes acabaron por el devenir de la vida y el hacerse mayores, nunca, nunca, nunca, las olvidaremos.