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Lo más bonito de las vacaciones es compartirlas con los seres queridos. Y una de las cosas más bonitas son las vacaciones familiares ¡Qué de anécdotas y vivencias! Son momentos vividos que no volverán pero que con el paso del tiempo se convierten en las conversaciones de sobremesas que no quieres que acaben. Se convierten en recuerdos que, al ser compartidos, se narrarán por sus protagonistas sin temor a que el olvido de un detalle impida que la historia sea contada, ya que muy probablemente ese detalle que tú olvidas puede ser el recuerdo inolvidable de un familiar o de un amigo que compartió contigo esa historia.

Vacaciones en Blanes (parte II)

Al principio de llegar a Blanes, mis tías, «las primeras colonas», se asentaron en unos apartamentos que todavía siguen en pie, llamados «Los Mediterráneo».

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Estos apartamentos están ubicados en el recinto del camping de Blanes y en concreto, en una zona denominada «Los Pinos», delante de la playa S’Abanell. «Los Pinos» es  un área de de ese municipio de la comarca de la Selva donde los pinos cubren parte del terreno regalando sombra y aportando oxígeno. Los pinos de esa zona son de la especie «pinea» (piñoneros), el árbol mediterráneo por excelencia, que en ese área han llegado a formar espacios “puros”, es decir, áreas en las que sólo habitan pinos piñoneros. Ese tipo de pinos se reconoce porque cuando son jóvenes tienen forma redondeada, sin embargo, a medida que pasan los años se transforman y aparece un tronco grueso y una copa redonda. Finalmente, en la etapa de madurez, desarrollan una copa tan ancha que parece una sombrilla.

La corteza del tronco de esta conífera es gruesa, rojiza y tiene fisuras. El fruto de estas pináceas son las piñas que tienen forma ovalada y con semillas en su interior llamadas piñones. Recuerdo que por esa zona de «Los Pinos» el suelo estaba cubierto de piñas secas y hojas secas llamadas pinocha. De pequeña no me podía imaginar que toda esa materia orgánica que cubría el terreno era retirada por los pinocheros, que son las personas cuyo trabajo es recoger esos restos secos para después venderlos. Esa cantidad de pinos piñoneros, situados tan cerca de la playa, daban sensación de protección y frescor a todo lo que envolvían.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Los apartamentos Mediterráneo son inconfundibles con su fachada pintada de  color azul klein que contrastan con sus balcones blancos.

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Los bloques de esa urbanización se alzan siete plantas a nivel del suelo y rodean una piscina exterior que está elevada unos metros a ras del suelo.

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Entre la base de la piscina y el suelo crece una hiedra frondosa, casi salvaje ¡Cuántos recuerdos jugando por debajo de la piscina y escondiéndonos por esa hiedra! Por la noche, las luces de la piscina y la vegetación que la rodeaba te hacían sentir como si estuvieses en algún lugar exótico no lejos de la selva.

Fue hacia el 1973 cuando mis tías compraron un apartamento en «Los Mediterráneo»  y en poco tiempo fueron también a veranear allí mi padre, mi madre y mi hermana Patricia con apenas un año de edad. Luego aparecimos en escena el resto de la tropa, por orden de nacimiento: yo, mi hermana Irene y finalmente mi hermano Nacho.

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Mis tías nos llevaban allí para pasar los tres meses de vacaciones escolares ¡Qué suerte teníamos! Y luego, cuando mi padre ya podía cogerse los días de vacaciones de verano que le correspondían en el trabajo, entonces venían él y mi madre a Blanes ¡Cuántas anécdotas y vivencias tuvimos mis hermanos y yo en aquélla época! Sería imposible tratar de contar todas…desde estar ansiosos por meternos en la piscina y preguntar a mi padre que estaba en el balcón del apartamento qué cuánto nos quedaba para hacer la digestión y podernos meter en la piscina hasta un bicho grande que un día se encontró mi hermana Irene jugando en el jardín de los apartamentos y que, de tanta impresión que le causó verlo, le provocó fiebre. En esa anécdota del gran bicho yo intenté explicar a mis padres qué es lo qué había pasado y les dije de forma muy sentenciosa:

«el bicho era como un perro, pero con alas» 

En los apartamentos Mediterráneo hicimos grandes amistades, tanto mi tías y mis padres, como mis hermanos y yo. Una de las amistades de entonces que han durado hasta ahora es la de la familia Martínez Sanz. Con ellos hemos compartido mucho buenos ratos, no sólo cuando veraneábamos en «Los Mediterráneo«, sino también a lo largo de todos los años que veraneamos en Blanes y también en Zaragoza porque daba la casualidad que  ellos tenían su lugar de residencia en Zaragoza ¡Quién nos iba a decir a nosotros que más tarde acabaríamos viviendo en esa ciudad también¡

Juan y Florinda, el patriarca y la matriarca respectivamente de la familia Martínez Sanz, son unas personas agradables, divertidas, educadas y entrañables. Mi padre llamaba a la familia en conjunto «Los Florindos». No me puedo olvidar de María, la madre de Florinda, una mujer con una vitalidad y unas ganas de vivir que eran de admirar. Siempre recordaré verla caminando por el paseo marítimo acompañada de su familia y todos ellos pendientes de ella. Y es que sus nietos, los hijos de Florinda y Juanito, la querían con locura. Juan Mari, Nacho y Alberto eran unos chicos muy divertidos y a los que les gustaba la fiesta, pero ante su abuela se convertían en unos chicos muy responsables, cariñosos y siempre atentos con ella. Su fallecimiento fue un duro golpe para toda la familia pero les dejó tanto amor al irse que aún viven de él.

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Hacia el 1989, mis tías vendieron el apartamento de «Los Mediterráneo»  y compraron otro apartamento en «Los Europa» .Y mis padres, mis hermanos y yo fuimos a pasar las vacaciones de verano allí. También situados en la zona de «Los Pinos» de Blanes, los apartamentos Europa tenían la fachada pintada de un blanco nuclear y los balcones tenían una balaustrada clásica de piedra artificial. Los bloques de apartamentos tenían cuatro plantas, menos plantas que  «Los Mediterráneo» , sin embargo la piscina de «Los Europa» era más grande que la de «Los Mediterráneo».

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En los apartamentos Europa empezó la tradición de mi padre y mi hermano Nacho de «los tensados veraniegos» (tradición que ya comenté en otro capítulo del blog).

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A mi padre le gustaba tirarse de cabeza, a su manera, cuando las olas rompían en la orilla de la playa. Un día de nuestros veraneos en «Los Europa», mi padre se tiró en la playa de cabeza con tan mala suerte que se torció el pie y todo ese verano estuvo cojito. Mi hermana Patricia hizo una foto cuando mi padre y mi hermano se iban de la playa después del percance.

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Ese veraneo en específico no fue muy boyante para mi padre, ya que también padeció un cólico de riñón que, como bien decía él,

«se las hizo pasar canutas»

Una de las anécdotas que recordaba mucho mi padre, y que nos ocurrió estando en «Los Europa», es una en la que un día mi madre se fue a refrescar a la orilla del mar. Y es que mi madre tenía la costumbre de refrescarse en el rompeolas sin llegar a bañarse. Pero ese día el mar estaba muy agitado y mi madre, que no calculó bien, se vio capuzada por completo por una ola que iba con mucha fuerza. En ese momento estaban mi padre y mi hermano Nacho en la orilla que habían ido a refrescarse también y cuando vieron lo que ocurría, mi padre ajeno a quien era el capuzado, le dijo a mi hermano: «¡Pobre señor, cómo le está capuzando esa ola!»  Mi padre se quedó blanco al comprobar que ese señor no era un señor sino que era su «titis» y rápidamente fue a auxiliarla. Posteriormente nos reíamos mucho al recordar la situación y el comentario que hizo mi padre. 

A mi padre siempre le gustaron mucho más los apartamentos Mediterráneo que los apartamentos Europa. Decía que «Los Mediterráneo»  eran de más «postín y señorío» . Decía que en los apartamentos Europa había mucho bullicio y continuamente habían nuevos inquilinos. Y tenía razón, ya que los apartamentos Mediterráneo eran apartamentos más familiares y los propietarios no alquilaban los apartamentos a terceros sino que los disfrutaban ellos mismos. Por el contrario, los apartamentos Europa eran la mayoría de alquiler, incluso de alquiler semanal, con lo cual había mucha rotación y mucho trasiego de gente especialmente extranjera que no venían a pasar unas vacaciones tranquilas sino a disfrutar del sol y de la fiesta.

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Como el paso por «Los Europa» a mis hermanas y a mi nos pilló en la adolescencia temprana y tardía, nosotras considerábamos muy emocionante todo ese ir y venir de gente y ver caras nuevas continuamente. Allí tuvimos los primeros amores de verano y durante esa época mis hermanos y yo hicimos muy buenas amistades.

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Diego, José, Juan y Cristian fueron de los mejores amigos que tuvimos durante esos años. Curiosamente ellos nos llamaban a mis hermanas y a mi «las trillizas del sur».

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Mi padre los apreciaba muchísimo porque sabía que eran buenos chicos y buena influencia para sus hijas e hijo. Mis hermanos y yo ya teníamos edad para salir de fiesta, y con estos amigos y con los hijos de «Los Florindos»  nos lo pasábamos genial en las noches de Blanes. Después de una noche de fiesta, al día siguiente, íbamos por la mañana a la playa y allí estaban mis padres qué habían ido a coger sitio antes y recuerdo que mi padre siempre nos hacía bromas y conseguía que reviviésemos del cansancio que teníamos después de trasnochar.

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