Vacaciones en Blanes
En el tercer capítulo de este blog, hablando de la infancia de mi padre, conté que de pequeño iba de vacaciones de verano a Miño (La Coruña) con sus padres y su hermana. Allí coincidían con Federico, el hermano pequeño de la madre de mi padre, la mujer de éste y sus hijos, Federiquin y Gerardin. Todos juntos vivieron en Miño inolvidables vacaciones a lo largo de unos años.
Pero mi padre, a medida que se iba haciendo mayor, cambió de lugar de vacaciones. Desde que tengo uso de razón mi familia y yo hemos pasado la mayor parte de nuestras vacaciones de verano en Blanes, Gerona. Y en eso tiene mucho que ver el hecho de conocer a mi madre, casarse y tener hijos. Los primeros “colonos” de nuestra familia en llegar a esas tierras fueron mi abuela Esperanza, la madre de mi madre, y mis tías, las hermanas de mi madre, Lola, Emilia y Esperanza que vivían en Tarrasa.
Después nació mi hermana Patricia, que con sólo un año pisaba ya terreno blandense, y luego fuimos apareciendo el resto de la familia en escena.
Para ponernos en situación, y comprender porqué elegimos ese lugar de veraneo durante muchos años, nada mejor que hablar de ese enclave y de sus múltiples atractivos. Blanes, es un municipio de la comarca de La Selva en la provincia de Gerona. Es el primer pueblo de la Costa Brava y se le conoce comúnmente como el «Portal de la Costa Brava».
Con una población de más 40.500 habitantes, Blanes es en la actualidad uno de los municipios más poblados de la provincia, acogiendo durante los meses de verano a más 60.000 visitantes. Recuerdo que mi padre cuando veía a los extranjeros que venían a veranear y tenían la piel tan blanquita los llamaba «escualos». Se quedaba sorprendido, e incluso contrariado, de cómo esos extranjeros que venían tan blancos, aunque pasaban por una fase de ponerse rojos como tomates, volvían a sus países más morenos de lo que mi padre se ponía en todo el verano.
Blanes cuenta con más de 4 kilómetros de playas recorridas por un extenso paseo marítimo.
Es tradición, una vez entrada la tarde, caminar por el paseo marítimo y sentarse en los muretes que están a lo largo de todo el paseo para hacer una pausa en el camino y observar la gente tan variopinta que por allí pasa. Cuando éramos pequeñas, a mis hermanas y a mi, una tarde que íbamos caminando por el paseo, unos extranjeros nos llamaron «las trililis», porque nos parecíamos mucho e íbamos vestidas igual, y a partir de entonces nos quedamos con el nombre de «trililis».
Al final del paseo marítimo se encuentra el Puerto de Blanes, uno de los más activos de la Costa Brava, con amarres para embarcaciones de pesca, ocio y deporte.
Recuerdo que allí habían unos restaurantes donde deleitar un pescado y marisco estupendos.
Ese es el puerto en el que, como comenté en un capítulo de este blog, mi padre tuvo que bajarse de un barco y pisar tierra firme al ver que eso de los barcos y su traqueteo no eran lo suyo.
Blanes es un pueblo pesquero que se niega a perder esa identidad a pesar del paso del tiempo.
Cuando te adentras en su casco histórico, el lado pesquero queda latente , pero emerge un lado más urbano en el que cobran protagonismo las tiendas, los restaurantes y los bares.
Las playas de Blanes son conocidas por sus aguas tranquilas y cristalinas pero que llegan a ser bastante profundas. Conocida es «La Playa de Blanes» que está pegada al puerto y se reconoce por la gran roca llamada «Sa Palomera» ¡Cuántas veces habremos subido a aquella roca y pensábamos que tocábamos el cielo!
Aparte de «Sa Palomera», otro de los elementos paisajísticos más característicos de Blanes es el Castillo de San Juan. Construido entre los siglos XI y XIII, el Castillo de San Juan fue alzado como espacio defensivo frente a las incursiones de los piratas. Tras varias intervenciones para la preservación del monumento, actualmente quedan en pie la torre de unos 15 m de altura y algunas partes de la muralla.
Como guinda al pastel paisajísticos que ofrece Blanes, está el Jardín Botánico que es considerado uno de los mejores jardines mediterráneos de Europa. Con aproximadamente unas 16 hectáreas de extensión, albergaba unas 4.000 especies y posee unas impresionantes vistas sobre el mar Mediterráneo.
Con el mar bañando el pueblo, es normal que Blanes cuente con una rica oferta de actividades acuáticas como Kayak o Paddle Surf, para disfrutar del deporte en esas aguas del mar Mediterráneo ¡Qué cantidad de velas, tablas, motos acuáticas y demás artefactos se podían contemplar desde la orilla!
Pero Blanes se paraliza, y a la vez se moviliza, cuando sopla la Tramontana. Este viento del norte puede alcanzar rachas de hasta 150 kilómetros por hora y afectar el comportamiento de algunas personas. Recuerdo que cuando soplaba la Tramontana nos quedábamos en el interior observando por las ventanas la fuerza que desplegaba ese viento que parecía surgir de la nada y que enseguida se adueñaba del mar, de los árboles, de las rocas, de la arena….Hay un estudio psiquiátrico donde se explica que ese viento, cuando sopla, puede provocar depresión y estados de excitación nerviosa, aunque también estimula el genio artístico y las ganas de trabajar. Cuando fuimos a vivir a Zaragoza, conocimos al primo hermano de la Tramontana, el Cierzo.
«Sopa de Cabra» un grupo de música de Gerona cantaba entre otras una canción titulada «L’Empordà», bailada muchas veces por mis hermanos y yo en las noches veraniegas de Blanes, en la que se hace referencia a ese feroz viento:
«Nascut entre Blanes i Cadaqués,
molt tocat per la Tramuntana,
d’una sola cosa pots estar segur,
quant més vell més tocat de l’ala»
(«Nacido entre Blanes y Cadaqués,
falto de juicio per la Tramontana,
de una sola cosa puedes estar seguro,
cuanto más viejo más tocado del ala»)
La luz a las noches de Blanes de finales de julio, la pone el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales, uno de los eventos más emblemáticos de Blanes y de la zona sur de la Costa Brava. En este concurso compañías pirotécnicas de distintos puntos de España y Europa despliegan su cohetería más imaginativa. Un espectáculo con más de un siglo de tradición que cada verano consigue reunir a miles de personas en las playas de Blanes.
En este año 2023, y debido a esas elecciones que el gobierno se ha sacado de la manga, los Fuegos de Blanes han tenido que adaptarse a esa circunstancia y comenzaron el 21 y el 22 de julio, tuvieron un parón el domingo 23 de julio para ir a votar, y se retomaron este lunes 24 de julio hasta mañana miércoles 26 de julio. Me vienen recuerdos de ir emocionados por la noche, con nuestras toallas de playa, y sentarnos en la arena, rodeados por mucha gente igualmente emocionada, para contemplar esos destellos artificiales que iluminaban la noche de Blanes y que también iluminaban los corazones de los allí presentes.





























