Mi padre no dejaba de sorprender. Cuando pensabas que tenía unos gustos muy definidos, de repente te rompía todos los esquemas. Esto le pasaba en muchas facetas de su vida, y era evidente en sus aficiones. Y el cine no iba a ser menos. Películas que no dirías que a priori le gustarían a mi padre, resultaba que eran de sus preferidas por motivos muy dispares. En este capítulo, y cerrando el telón que abrí hace dos capítulos, hago referencia a las películas más surrealistas, locas, impredecibles y emotivas que mi padre no dudó en calificar como de sus preferidas.
El Gran Pakitín y su otro Cine Español
En el capítulo anterior del blog hablé de la afición de mi padre por el cine español, por el cine español “de antes”. Sin embargo hubo un par de películas españolas “de ahora”, un poco alejadas del registro habitual que acostumbraba mi padre, pero que le hicieron disfrutar mucho por su originalidad, surrealismo e incluso su locura.
Una de esas películas fue “El Día de la Bestia” (1995), coescrita y dirigida por Álex de la Iglesia y que cuenta la historia de un sacerdote vasco, interpretado por Álex Ángulo, que descubrió que la llegada del fin del mundo y el nacimiento del anticristo sería el 25 de diciembre de 1995, por lo que decidió hacer todo lo que estuviese en sus manos para averiguar dónde iba a nacer ese anticristo.
Por ello se instaló en Madrid para buscar pistas y se hospedó en la pensión regentada por la madre de José María, interpretado por Santiago Segura, un joven aficionado al heavy metal que le ayudó a contactar con el profesor Cavan, el presentador de un programa de televisión especializado en fenómenos demoníacos y paranormales e interpretado por Armando de Razza.
Toda esta trama demoníaca llevó a los protagonistas a vivir una singular aventura por Madrid. Uno de los principales ejes de la función es Álex Angulo como Ángel Berriatúa, el sacerdote que impulsa en todo momento el relato con su determinación por evitar el fin del mundo. Podía parecer sencillo lo que hacía , pero su personaje requería un equilibrio vital para que la película no desbarrase y el intérprete vasco lo bordó.
Mi padre se reía mucho con frases de la película como:
“Soy satánico y de Carabanchel”
“Quiero confesarme. – Dime lo que has hecho hijo. – Nada padre, no he pecado, pero voy a pecar, voy a hacer todo el mal que pueda”
Creo que con la elección de esta película su amigo y camarada, Joan, estaría de acuerdo con mi padre. Camaradas y amigos, de aficiones y gustos muy diferentes entre sí, pero que se tenían un gran respeto mutuo
“El milagro de P. Tinto” (1998) fue la ópera prima de Javier Fesser. El niño P. Tinto tenía muy claro lo que quería ser de mayor, quería ser padre de familia numerosa.
Un día conoció a una niña, Olivia, ciega y muy avariciosa, y ambos formaron una pareja estable hasta la vejez. Siempre que podían intentaban ser padres pero no lo conseguían. En su pasado ambos oyeron de casualidad a los padres decir que para tener niños hicieron “tralari, tralarí”, estirando y contrayendo con los pulgares los tirantes que sostenían sus pantalones. Olivia y P. Tinto, de acuerdo con lo oído, guardaban ese secreto para cuando llegase el momento intentar tener hijos al ritmo de “tralari, tralarí”.
Lógicamente aquello no les daba ningún resultado. Ya ancianos, P. Tinto, interpretado por Luis Ciges y Olivia, interpretada por Silvia Casanova, vivían en una casa apartada en medio de ningún sitio, donde el Expreso Pendular del Norte solamente pasaba cada veinticinco años y las novedades eran más bien escasas.
Este matrimonio terminó recurriendo a un método muy socorrido para tener hijos y era rezar a San Nicolás. La petición pareció que fue atendida cuando dos marcianos, José Ramón, interpretado por Javier Aller y El Teniente, interpretado por Emilio Gavira, sufrieron una avería en su ovni en frente de la casa de los P. Tinto. Entonces P. Tinto y Olivia pensaron que estos dos marcianitos eran los hijos que habían estado pidiendo y los acogieron inmediatamente. Por su parte, esos dos holgazanes extraterrestres no tenían ningún inconveniente en hacerse pasar por sus hijos, viviendo a cuerpo de rey con comida y techo asegurado.
La trama principal se cierra con la aparición de Pancho José, interpretado por Pablo Pinedo, también conocido como “Joselito”, un gigantesco extranjero que P. Tinto confunde con un niño africano que había adoptado por lo que decide contratar a Usillos, interpretado por Janfri Topera, un emprendedor nacionalista español, para que le construya una habitación para el chiquillo. Usillos también es ufólogo aficionado.
Mi padre se reía mucho con una escena en la que Usillos, un chapuzas que veía complicaciones hasta en la obra más sencilla y que para lo que iba a ser instalar una simple moqueta y poner un enchufe en la pared empezaba a resoplar por la gran envergadura de la obra, terminaba tranquilizando al pobre P. Tinto asegurándole:
“Reformas Usillos, no hace chapuzas. Si hay que cambiar el suelo, se cambia. Si hay que canalizar el hilo eléctrico, se canaliza. Pero eso sí, y esto ya se lo digo de ante mano, si hay que sanear, se sanea”
Mi padre se reía a carcajadas con un operario de la fábrica de Obleas, Crispín, interpretado por Germán Montaner, que cuando P. Tinto le comunicaba que peligraba el negocio y que debían renovarse, para lo que quería meter a Joselito en el negocio de las obleas, Crispín no estaba muy convencido aludiendo a la complejidad del trabajo, el cual consistía, nada más y nada menos en simplemente asegurarse que el automático de la fábrica no se bajase.
Atravesando el charco, mi padre se hizo seguidor de las películas de Cantinflas. Mario Moreno, Cantinflas, fue un actor cómico mejicano que debutó en la gran pantalla a mediados de los años 30 y dilató su carrera profesional hasta principios de los años 80. Cantinflas se caracterizaba por sus reacciones ingenuas, su asombrosa naturalidad y por sus personales y desvariados monólogos, continuos, embarullados, inagotables y hasta delirantes, que se hacían interminables mientras movía incansablemente su mano izquierda para acompañar la insólita proliferación de sus muecas.
Mi padre nos contaba que de joven cuando veía películas de Cantinflas, entre las risas de los presentes y lo difícil que suponía entender el vocabulario del actor, era imposible seguir la trama de la película, pero como bien señalaba mi padre seguir la trama era lo de menos, ya que enseguida que Cantinflas salía a escena las risas eran las protagonistas. La actuación de este cómico se convirtió en un hito hasta tal punto que hoy en día continúa siendo un referente cultural en toda Latinoamérica e incluso se incluyó el verbo “cantinflear” en el diccionario de la Real Academia Española de la lengua (RAE), que se define como: “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”.
Mi padre utilizaba muchas expresiones de este gran cómico, e incluso las escribía, como la de “dame una ayudadita” cuando pedía que le echásemos una mano para hacer algo. También decía “No seas abusativo” si alguno de nosotros, por ejemplo, le pedíamos muchas cosas.
También de humor pero, en clave más surrealista, mi padre disfrutaba con las películas de los Hermanos Marx. Chico, Harpo, Groucho y Zeppo y Gummo, (el quinto hermano colaboró con ellos en todos sus trabajos, pero nunca actuó en sus filmes) eran los Hermanos Marx. El núcleo del grupo fueron Groucho, Chico y Harpo. Groucho, con sus tupidas cejas, el puro encolado a sus labios, el grasiento mostacho pintado y su andar encorvado, era el líder indiscutible del grupo y un arribista con poco tacto. Utilizó todo un repertorio de sarcasmos, cinismos e ironías, pero nunca usó una sola palabrota en sus actuaciones. Chico, con su poco conjuntado ropaje, adoptó un exagerado acento italiano que, sin ningún tipo de dudas, aprendió de los muchos emigrantes italianos con los que convivió en su barrio de Nueva York. Ávido jugador y tramposo vocacional, fue también un dotado pianista con su peculiar estilo a un sólo dedo por mano. Harpo, inocente y siempre sonriente, con su rizada peluca rubia, su gabardina que todo lo contiene (desde un soplete en adelante), un sombrero de copa algo achaparrado y una bocina, fue el adorable mudo que nunca lo fue.
La carrera de los Hermanos Marx se desarrolló entre de los años 20 y principios de los 60, iniciándose con enorme éxito en el Vodevil, luego en Broadway y posteriormente en el cine en Hollywood .
En el camarote estaban Groucho (Driftwood) , Chico (Fiorello) , Harpo (Tomasso) y Allan Jones (Baroni). Entraron dos camareras para hacer las camas, un fontanero para revisar la calefacción, una persona para hacer la manicura, el ayudante del fontanero, una jovencita que busca a su tía Minie, la chica de la limpieza y cuatro camareros con el desayuno.
Groucho (Driftwood) planeaba una íntima cita amorosa en su camarote y acabó por convertirse en el lugar más poblado del planeta. Transcribiré alguno de los diálogos más desternillantes de esta maravillosa, surrealista y genial escena de cine de todos los tiempos:
“Se abre la puerta del camarote y entran dos CAMARERAS con sábanas:
CAMARERA.- Venimos a arreglar el camarote.
FIORELLO.- ¿Qué pasa? ¿Traen los huevos duros?
DRIFTWOOD.-Vienen a hacer el camarote. Pasen ustedes. No se asusten de nada y dense prisa porque tienen que largarse dentro de diez minutos.
[…….]
BARONI y FIORELLO levantan a TOMASSO dormido de la cama y lo tumban sobre la segunda de las CAMARERAS.
[…….]
DRIFTWOOD.- Me parece que hay un error. Le he dicho a las chicas que hay que aprovechar el tiempo, no a su amigo.
FIORELLO.- Es que está dormido.
DRIFTWOOD.- Sabe más dormido que yo despierto.
FIORELLO.- Es que acostumbra a dormir así. Ahora está medio dormido.
DRIFTWOOD.- ¿Si? Pues adopta unas posturas muy cómodas.
[…….]
Llaman a la puerta y aparece una muchacha con una bandejita.
MANICURA.-¿Han llamado a la manicura?
DRIFTWOOD.- No, pero adelante. No se me había ocurrido llamarla, pero ahora pienso que en un viaje como éste no debe uno privarse de ninguna comodidad.
[…….]
MANICURA.- ¿Quiere usted las uñas largas o cortas?
DRIFTWOOD.- Déjemelas cortas porque aquí va faltando sitio. La verdad, no me figuraba yo que la travesía fuese tan agradable. Me veía muy aburrido en cubierta con un camarero sirviéndome champán….. Pero aquí como no echen el champán por el ojo de la cerradura.
[…….]
Llaman a la puerta y entra una JOVENCITA
JOVENCITA.- ¿Esta aquí mi tía Minie?
DRIFTWOOD.- Pase y búsquela entre la multitud. A lo mejor la encuentra a su tía dentro del bául.
JOVENCITA.- Bueno, ¿Me permite telefonear?
DRIFTWOOD.- ¿Telefonear? Le apuesto lo que quiera a que no llega al teléfono .
[…….]
Llaman a la puerta. Entra una CRIADA con una escoba
CRIADA.- Vengo a barrer el camarote
DRIFTWOOD.- Precisamente es lo que hacia falta. Manos a la obra. Tendrá que empezar por el centro que es el único sitio que todavía no está ocupado.
[…….]
Por el pasillo avanzan cuatro CAMAREROS con grandes bandejas con comida que llevan por encima de sus cabezas. Llaman a la puerta del camarote:
CAMARERO.- La cena.
JOVENCITA.- ¿Está ahí mi tía Minie?
DRIFTWOOD.- Adelante. Pase. Hemos estado esperándole toda la tarde camarero.
JOVENCITA.- ¿Ha visto a mi tía Minie?
TOMASSO se tumba encima de las bandejas de los CAMAREROS para seguir durmiendo.
La escena concluye cuando la SRA. CLAYPOOL se acerca a la puerta del camarote, la abre y sale disparada sobre ella una avalancha de personas.
En 1935 se rodó la película “Top Hat “ (“Sombrero de Copa”) que dejó para la eternidad una de las escenas de baile más bellas protagonizada por Fred Astaire y Ginger Rogers con la música de la canción “Cheek to cheek”. Mi padre, tan dado a los motes, llamaba a Fred Astaire “el cara de pera” y nosotros nos reíamos mucho cada vez que refería a él con ese nombre.
Fred Astaire, aportaba la elegancia, y Ginger Rogers desprendía la sensualidad. La sintonía de ambos en la pista de baile alcanzó las más altas cotas de belleza y plasticidad. A mí padre le encantaba esta canción y el baile de claqué protagonizado por ambos bailarines, a la vez que actores.
El protagonista de la película era un celador, interpretado por Tom Hanks, destinado en 1940 al bloque de los condenados a muerte, llamado la milla verde. Durante ese año conoció a un condenado a muerte del que ninguno de los policías de ese corredor dudó de su bondad y de su inocencia, y que fue interpretado por Michael Clarke Duncan, un gran actor en todos los sentidos.
La noche antes de su ejecución los policías decidieron cumplir uno de los sueños del reo que era llevarlo al cine a ver una película. La película era Top Hat, y sentado en la butaca el condenado a muerte se convirtió en espectador de lujo de la famosa y maravillosa escena de baile. Ante tal visión de belleza y perfección, el condenado no pudo evitar derramar unas lágrimas e interpretó una de las escenas más tiernas del cine de todos los tiempos y que a mi padre enterneció.
A mi padre le cautivó la película “El Curioso Caso de Benjamin Button”. La cinta empezaba con la construcción de un reloj, detalle que ya entusiasmó a mi padre, que iba a ser colocado en la estación de trenes y cuyo mecanismo iba a la inversa. Dicho reloj había sido configurado erróneamente exprofeso, pues el relojero estaba decepcionado con la vida.
El tiempo no pasaba igual para Benjamin, a él los años le hacían más joven. Esta era la historia de su vida, una vida en la que trabajó en mil sitios, en la que combatió en la guerra y en la que conoció a muchas personas que hicieron de su vida un viaje realmente especial.
Pero lo que hizo de la vida de Benjamin algo realmente memorable fue su historia de amor con Daisy, interpretada por Cate Blanchett, una mujer que conocía a Benjamin desde que era un niño y que se convirtió en la mujer de su vida. La paradoja es que mientras él se hacía más joven, ella se hacía más vieja.
A pesar de su extraña enfermedad que le hacía rejuvenecer con la edad, Benjamin no era nadie especial, no vivía su vida de forma diferente a los demás ya que la muerte, el desamor y las relaciones entre padres e hijos estaban muy presentes en su extraño camino de vida. Eso es lo bonito de esta historia, que no importaba si ibas hacia delante o hacia atrás. La vida es como es y hay que aprovechar y disfrutar cada momento. Creo que a mi padre le gustó tanto está película porque enseñaba a disfrutar de la vida.
“Te diré que nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado temprano, para ser quien quieras ser. No hay límite de tiempo, empieza cuando quieras. Puedes cambiar o quedarte ahí. No hay reglas para esto. Podemos aprovechar el tiempo o desperdiciarlo; espero que lo aproveches. Espero que veas cosas que te asombren. Espero que sientas cosas que nunca antes habías sentido. Espero que conozcas gente con otros puntos de vista. Que vivas una vida de la que estés orgullosa. Y si descubres que no lo estás, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo.”



















