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Este capítulo se lo quiero dedicar  a la literatura, una de las consideradas siete bellas artes del mundo. El arte de la palabra escrita. Mi padre disfrutó de ella tanto leyéndola como, en algunas ocasiones, creándola. También viajaba con ella a otros tiempos y a otros lugares. Porque cuando lees estás quieto pero tu mente puede ir muy lejos. La lectura es un hábito que da muchas lecciones y sólo pide a cambio el deseo de no dejar de querer aprender. Junto a la literatura, hago mención al cómic que, considerado la novena bella arte del mundo,  tuvo mucho que ver en ese sentido del humor tan característico de mi padre.

El Gran Pakitín y sus Plumas Estilográficas

Las plumas estilográficas eran objetos que despertaban el interés de mi padre. Era un “plumófilo” desde hacía años. No coleccionaba plumas para ostentar o ser pretencioso, las coleccionaba porque le gustaba sentir el tacto de la pluma al empuñarla y deslizarla sobre el papel y luego observar el trazo de tinta fresca que quedaba en la hoja al escribir unas frases.

Cuando como inspector de Hacienda tenía que firmar algún acta de algún expediente importante, lo hacía con alguna pluma que para él tuviese un significado especial. Era como si volviese a un pasado vivido, o no vivido, al utilizar esos instrumentos de escritura. Yo creo que hubiera sido feliz viviendo en la época de Cervantes y utilizando tintero y pluma…. De hecho tiene guardados un tintero de cristal y una pluma de ave antiguos aún sin utilizar.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Guardaba plumas que iban desde algunas que le daban de propaganda hasta su apreciada “Montblanc”. Siempre estaba recargándolas de tinta o limpiándolas. Las limpiaba, como todo lo que hacía, con mucho mimo y esmero. Primero desarmaba por completo la pluma: desenroscaba la boquilla del cuerpo, sacaba el cartucho y vaciaba la tinta que estaba almacenada en el cartucho. Luego lavaba por separado la boquilla y el plumín, ayudándose del chorro del grifo del baño hasta que el agua salía totalmente limpia. Para evitar que hubiese quedado almacenado algo de humedad, dejaba las piezas sobre papel absorbente para que las mismas se secasen más rápido. Finalmente con un paño suave y algo húmedo limpiaba el exterior de la pluma. Todo un proceso, que aunque lo hacía con mucho mimo, no evitaba que algunas veces quedase el baño menos limpio que las plumas que acababa de lavar.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Era muy habitual escucharle decir que los médicos, especialmente los dermatólogos, solían escribir con “pluma de oro” refiriéndose al hecho de que dichos especialistas prescribían cremas y pomadas muy caras. Íbamos a una dermatóloga, a la que tenemos un gran aprecio, la Dra. Ana. A y que cuando mi padre falleció ella me dijo  de él que: “era una persona muy especial”. Quedaba claro que mi padre no pasaba desapercibido en ningún lugar.

El Gran Pakitín y sus Libros

Era un ávido lector.  Leía principalmente libros de historia, religión, masonería y, ¡cómo no!, los afines a su ideología joseantoniana. Solía preguntarse :

¿Cuántos libros tendremos en casa?, ¡Algún día los tengo que contar¡, ¡Creo que habrán unos mil libros!”

Como él decía: “El saber no ocupa lugar”. Pero, curiosamente, nunca llegó a contarlos. Para él lo más importante no era la cantidad de libros que tenía sino lo que aprendió de cada uno de esos libro.

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Entre sus autores preferidos estaban César Vidal, Arturo Pérez Reverte, Luis Pío Moa, Federico Jiménez Losantos, Francisco Pérez Abellan, Gustavo Bueno, Eduardo García Serrano o Fernando Vizcaíno Casas. Seguro que me dejo a alguno en el tintero… De Arturo Pérez Reverte y de Pío Moa guardaba archivados gran cantidad de artículos suyos que ambos escritores publicaban en la revista “El Semanal” o en la revista “Época”, respectivamente.

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Siempre que le veías sentado en un sillón, tenía un libro entre sus manos. Yo envidiaba esa capacidad de leer que tenía mi padre dado que yo no he heredado ese hábito tan encomiable. Mi padre no dudaba en recurrir, como en otras ocasiones, a SS. MM Los Reyes Magos de Oriente para intentar conseguir el libro o los libros que en ese momento anhelaba.

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La lectura era una afición que mi padre disfrutaba pero que también quería compartir con los que le rodeaban. Desde hacía ya unos años, cada semana iba dando 5 € a su nieto Miguelin para que ahorrase y sus padres le comprasen específicamente el libro de Veinte mil leguas de viaje submarino” de Julio Verne. «Combatir con calamares gigantes, sobrevivir a un terrible remolino, navegar bajo los hielos de la Antártida… ¿Hay mayor aventura? El biólogo Aronnax y sus amigos lo descubrirán a bordo del Nautilus, el submarino del misterioso capitán Nemo”. Sin duda, iba a ser una libro que haría las delicias de nuestro Miguelin, un niño lleno de vida, alegría y ganas de experimentar cosas nuevas. Los orgullosos padres de ese fenómeno de niño, mi hermana Patricia y mi cuñado José Antonio, compraron el libro, una vez fallecido mi padre, para que Miguelin pudiese disfrutar leyendolo y recordase que El Abu Pakitin, aunque no estuviese físicamente, le acompañaría en todas las aventuras que le quedan por leer y por vivir.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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El último libro que mi padre tuvo entre sus manos, se lo regalamos por su cumpleaños el pasado 23 de febrero de 2021. Se titulaba “La Vuelta del Comunismo y estaba escrito por Federico Jiménez Losantos. Había leído unas páginas antes de ser ingresado en el hospital el 11 de abril de 2021. Una vez hospitalizado, se lo llevé  allí para leérselo cuando él quisiese. Lamentablemente nos quedamos en la página 28.

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Mi padre, si hubiese tenido en el hospital uno de los marcadores de hojas que guardaba en un sobre en casa, no hubiese dudado en poner uno de ellos en aquella página 28 para continuar con la lectura de ese libro. Ni lo uno ni lo otro fue posible. El libro ha quedado sin leerse.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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La novela española anónima, “El Lazarillo de Tormes”, la picaresca española en estado más puro, era del deleite de mi padre. Especialmente le gustaba el episodio del racimo de uvas en que el Lazarillo de Tormes está en compañía del ciego, uno de los múltiples amos a los que sirvió a lo largo de su vida:

“Acaeció que, llegando a un lugar que llaman Almorox, un vendimiador le dio un racimo de ellas en limosna […]Sentámonos en una valladar y dijo:-Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos de este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partirlo hemos de esta manera: tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos y de esta suerte no habrá engaño-. Hecho así el concierto, comenzamos, mas luego al segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura no me contenté ir a la par con él, más aún pasaba adelante: dos a dos y tres a tres y como podía las comía. Acabado el racimo, sostuvo un poco el escobajo en la mano, y, meneando la cabeza, dijo: -Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has comido las uvas de tres a tres. -No comí -dije yo-, mas, ¿por qué sospecháis eso?. Y entonces respondió el sagacísimo ciego:-¿Sabes en qué veo que las comiste de tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas”.

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También le gustaba la lectura más ligera. Devoraba los tebeos, y su afición siguió incluso de adulto.  Siempre hacía mención a “13 Rue del Percebe que eran una serie de historietas ideadas por Francisco Ibáñez Talavera, dibujante y creador de tebeos, en las que se mostraba la fachada abierta de un edificio y en su interior toda suerte de personajes. Personajes como el ladrón Ceferino, la portera, el científico loco, Don Hurón, El tendero Don Senén, Manolo el moroso, que con sus problemas, cuitas y trifulcas, hacían reír a mi padre a carcajadas.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Del mismo creador de 13 Rue del Percebe, son “Mortadelo y Filemon, serie de historietas humorísticas que contaban aventuras hilarantes de La T.I.A (Técnicos de Investigación Aeroterráquea). Esa Agencia tan disparatada estaba liderada por el superintendente Vicente Ruinez, el Súper, y estaba apatrullada por Mortadelo y Filemon, dos agentes que llevaban a cabo misiones desternillantes e inverosímiles y en las que Mortadelo siempre encontraba el disfraz perfecto para salir indemne.

Como personajes secundarios, pero no menos importantes, aparecían Ofelia Michelinez, la secretaría personal del Súper, una mujer oronda y enamorada de Mortadelo y el Profesor Bacterio, un científico loco que ideaba unos inventos que en la mayoría de las ocasiones fallan. Mi padre, otra vez más, se reía de lo lindo con estas historietas y especialmente con los singulares disfraces de Mortadelo.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Y cómo no mencionar a “Rompetechos”, otra serie de historietas creadas también por el genio del cómic, Francisco Ibáñez Talavera. Estas historietas trataban sobre el protagonista homónimo del mismo creador, Francisco Ibáñez Talavera. Rompetechos era un hombre bajito cuya mala visión generaba numerosas situaciones cómicas. Su ceguera le conducía a una visión del mundo bastante idealizada. Las aventuras de Rompetechos siempre empezaban con el protagonista de muy buen humor y dispuesto a ayudar a sus semejantes, pero en cuanto algún cartel se cruzaba en su camino, la lectura errónea del mismo daba lugar a confusiones que acababan con Rompetechos sembrando el caos a su alrededor.

Al final, ese buen humor era sustituido por enfados monumentales porque Rompetechos acababa pensando que nadie le entendía y que el mundo entero se conjuraba en su contra. Cuando en realidad era él el que iba causando problemas. Para mi padre eran situaciones desternillantes que quedaron en su memoria y en la memoria de los que escuchábamos relatar de su boca las andanzas de dicho personaje.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Otras tiras cómicas que hacían reír a mi padre eran “Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio”. También creación de Francisco Ibáñez Talavera. Estas tiras cómicas simbolizaban lo que cualquier español ha padecido en alguna ocasión. El chapuza es un “pofesioná” que llegaba casa, o donde sea, dispuesto a arreglar cualquier cosa estropeada y al concluir dejaba el problema peor de lo que estaba. Yo bromeaba muchas veces con mi padre y sus “chapuzas”. Y es que mi padre se empeñaba en solucionar cualquier avería que tuviéramos en casa. La mayor parte de las veces lo conseguía y se ponía muy contento, pero otras veces no lo lograba y entonces se convertía en una obsesión para él y no paraba hasta reparar esa cisterna rota, esa puerta que no cerraba bien o ese grifo que goteaba.

En una ocasión la puerta de madera de la habitación en la que dormían mi hermana Irene y mi hermana Patricia, tenía la manilla estropeada. Mi padre se puso a arreglarla y acabó el suelo lleno de serrín porque había intentado lijar el cajetín de la puerta para ajustar la manilla y pero de tanto lijarlo se había quedado sin cajetín. Finalmente tuvimos que llamar a un carpintero para que arreglase la puerta.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Y no me puedo olvidar de “Los Grandes Inventos de El TBO sección humorística del semanario el TBO que durante una gran temporada (de 1943 a 1998) fue presentada por El Profesor Franz de Copenhague, personaje  creado por Ramón Sabatés, que era un perito mecánico de aspecto cadavérico, cabezón, mirada severa y atuendo de inventor. Este prolífico inventor se las ingeniaba para mostrar artefactos delirantes, a menudo desmesurados, para deleite y regocijo de generaciones de lectores.

Empleaba elementos mecánicos (nada de electrónica, aún por inventarse) para crear sus variados e inverosimiles inventos: ciclópeas dispensadoras automáticas de café o postales, llamativas máquinas accionadas por la brisa marina para extender la crema solar por la espalda, porrones de vino que permitían beber sin dejar de trabajar (en tiempos en que el alcoholismo no estaba mal visto), artilugios caseros para pelar patatas o realizar labores domésticas a la par que efectuaban la limpieza del hogar o mantenían la línea del usuario, monedas cuadradas para evitar la siempre enojosa rotación por el suelo y su inevitable pérdida, sistemas para reducir drásticamente los problemas de aparcamiento colocando los vehículos en vertical o encaramándolos a las farolas, etc. La fuerza cómica de estas invenciones radicaba en alejar la causa del efecto poniendo, entre medio, divertidos e ingenuos mecanismos. Y eso a mí padre le chiflaba.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Para finalizar el mundo del TBO de mi padre, me referiré al personaje de “Carpanta creado por el autor José Luis Escobar. Epítome del hambre, este vagabundo eternamente hambriento, comenzó siendo una caracterización de la hambruna de la postguerra en nuestro país. Carpanta era un personaje que caía simpático a simple vista, con su enorme nariz, su sombrero y sus continuos cascos.

Con el paso de los años el personaje seguía pasando hambre, siendo su gracia la frustración continua al no tener nada que llevarse a la boca. Carpanta soñaba con comerse suculentos manjares, a ser posible pollos asados, y sus andanzas versaban en conseguir comida o dinero para comprarla. Andanzas que distraían y maravillaban a mi padre a medida que iba devorando las historietas de ese singular personaje.

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