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En este capítulo, quiero dar las gracias a mis tías Emilia y Esperanza, las hermanas de mi madre. Sin sus aclaraciones y detalles no podría haber completado este relato tan importante y con tantas buenas consecuencias. Sigo siendo vuestro gatito cenizoso”.

Y mis gracias, en todos y cada uno de los capítulos, a mi hermana Irene que me ayuda con todo el tema Informático. Sin ella no podría haber sido posible este blog. Ella es el 50% de este camino que he emprendido.

Fue en Tarrasa donde mi padre se enamoró

… Y, como lo prometido es deuda… Fue en Tarrasa donde todo cambió… Fue en Tarrasa donde mi padre se enamoró.

El camino académico se cruzó con el camino del corazón. Mi padre había llegado a Tarrasa en 1966 para poder alcanzar su sueño de ser Ingeniero Industrial y mi madre vivía en Tarrasa desde 1961.

Mi madre recuerda siempre que, un año después de haber llegado a Tarrasa, la noche del 25 de septiembre de 1962 en apenas tres horas una tormenta descargó 225 litros por metro cuadrado sobre el Vallés Occidental. Esas lluvias torrenciales provocaron el desbordamiento de ríos y rieras que afectaron sobre todo a las poblaciones de Tarrasa, Rubí y Sabadell.

Aquel devastador fenómeno atmosférico fue conocido como “La riada del Vallésy en Tarrasa se saldó con el trágico balance de 327 muertos. Los daños materiales también fueron inmensos debido al enorme destrozo de casas, edificios, fábricas y maquinaria que provocaron las riadas.

Hubo miles de familias damnificadas y varios centenares de millones de pesetas en pérdidas. Gracias a Dios, mi madre y su familia no se vieron afectados directamente por esta gran catástrofe.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

La familia Sánchez Ortuño y la foto de familia

La familia de mi madre, la familia Sánchez Ortuño, había emigrado a Tarrasa en busca de nuevas oportunidades laborales.

El cabeza de familia, Bartolomé Sánchez Marín, era todo un negociante. En Hellín se había dedicado a un sinfín de actividades. Así, por ejemplo, compraba fincas con frutales, y una vez vendía los frutos que recogía de los frutales, ponía a la venta la finca, con lo cual ya había sacado un beneficio importante a la inicial compra del terreno. Fue también comerciante de madera y tuvo un taller en el que se fabricaban los tapones de chapa para las botellas de vidrio.

La cabeza de familia, Esperanza Ortuño Requena, fue una madre muy trabajadora y completamente entregada a su marido y a sus hijos. Y es que tuvo cinco hijos con su marido Bartolomé, un chico y cuatro chicas, llamados Juan, Lola, Emilia, Esperanza y la más pequeña, mi madre, María del Carmen.

Pero Bartolomé, que se había casado en primeras nupcias con otra mujer y había enviudado, tenía ya dos hijos, Diego y Miguel. Así que era una gran familia de siete miembros.

Mi madre era una “muñequita” para su padre. Era la más pequeña y la quería mucho. Aunque claro, al ser sus padres ya mayores, y ella hija “tardana”, quien la cuidó y estuvo más pendiente de ella fue su hermana mayor Lola.

De toda la familia, Diego y Miguel, los hijos más mayores y que ya estaban casados, se quedaron en Hellín, mientras que el resto de la familia fue a probar suerte a Tarrasa. Allí les esperaba su hijo Juan, que había hecho una avanzadilla, y ya trabajaba en el Ayuntamiento de Tarrasa. Él ayudó al resto de la familia a conseguir un piso de alquiler en el que alojarse e iniciar una nueva etapa en un nuevo destino.

A mi padre le hacía mucha gracia una foto familiar de los Sánchez Ortuño en la que nada era lo que parecía. Sobre una foto inicial, en la que aparecían el padre Bartolomé y la madre Esperanza, junto con los hijos más mayores, Diego, Miguel, Juan y Lola, se añaden otras dos protagonistas que nacieron después, las hijas Emilia y Esperanza. 

,Y es que mi abuelo Bartolomé quería tener una foto de toda la familia, pero por aquel entonces era difícil reunir a todos y sacar una instantánea del momento.

Así que, a mi abuelo se le ocurrió hacer ese “collage” familiar. Pero aquí no acaba todo, ya que como mi madre nació más tarde, a mi abuelo no le dio tiempo a incluirla en el peculiar retrato.

Una vez muerto mi abuelo, sus hijas Lola, Emilia y Esperanza, siguieron la tradición que había iniciado su padre, y añadieron a la foto a su hermana María del Carmen. Como he dicho, en esa entrañable foto, a la vez que disparatada foto, nada era lo que parecía.

El tiempo no importaba sólo importaba la unión de una familia.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Todo comenzó en un “Guateque”

Fue en un “guateque” donde mi padre y mi madre se conocieron en Tarrasa.

Curiosamente, el término “guateque” llegó a España a finales del siglo XIX procedente del Caribe. Lo trajeron aquellos “indianos” que se habían marchado unas décadas atrás para “hacer las Américas’” y que solían volver con un buen capital. Pero no sólo traían dinero de su estancia en América, sino que también traían costumbres y palabras autóctonas que integraban en su vida diaria.

“Guateque” era una palabra que se usaba en el Caribe para referirse a aquellas fiestas informales que se celebraban con familiares y amigos y en las que predominaba el baile, el jolgorio y sobre todo las comilonas.

En un principio, en nuestro país se usó el vocablo “guateque” para llamar así a aquellos festejos con comilona incluida. Después pasó al ámbito más íntimo de las fiestas familiares que se realizaban en casa, para acabar convirtiéndose, a mediados del siglo XX, en la típica fiesta juvenil que se celebraba con amigos y donde se bailaba las canciones de moda y se tomaban unos refrescos y canapés.

Y la magia del guateque hizo su truco maestro. Un día de 1969, allí estaba mi madre, una mujer de 25 años, inteligente, guapa, con pelo largo y negro y con un cuerpo escultural a la que no le faltaban pretendientes. Y allí estaba mi padre, un hombre también de 25 años, guapo, divertido, inteligente, con unos ojos verdes preciosos al que tampoco le faltaban pretendientas.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Pero hay que contar toda la verdad de la historia, porque si no la historia sería una verdad a medias. Y es que mi padre, en ese momento en el que conoció a mi madre, tenía ya una novia formal en Madrid. Esa novia se llamaba Loli. Mi padre nos había contado muy poco de Loli durante su vida. ¡Él tan reservado como siempre!

Pero… la historia que cambió todo es la historia del guateque y lo que aconteció después. Después del guateque mi padre y mi madre siguieron viéndose. Pero a la vez mi padre no había dejado a la novia de Madrid, Loli. Y es que mi madre lo pasó muy mal con estas idas y venidas sentimentales de mi padre.

Finalmente, mi padre eligió a mi madre y mi madre conquistó a mi padre.

Y a partir de entonces, para mi padre, mi madre fue y será la mujer de su vida y para mi madre, mi padre fue y será el hombre de su vida. De hecho, unos días después de que falleciese mi padre, mi madre estaba llorando y entre lloros decía

“¡Con lo que lo quería yo y lo que me costó conseguirlo! ¡Y ahora todo se ha acabado!”

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Durante el camino del amor, el camino académico de mi padre fue avanzando. Mi padre seguía sus estudios de Ingeniero Industrial, aunque en 1970 tuvo que hacer un parón porque se fue a hacer la mili a Madrid. De su etapa en la mili hablaré en un capítulo aparte.

Durante el camino del amor, el camino laboral de mi madre fue avanzando. Mi madre había estudiado magisterio, y cuando conoció a mi padre trabajaba como profesora en la “Academia Montserrat” de Tarrasa, a la vez que daba clases particulares. Era una trabajadora nata. Sus alumnos la querían muchísimo.

El amor entre mis padres iba creciendo día a día. Curiosamente, mi madre hizo acopio de sábanas y manteles en febrero de 1972 y había presentado su dimisión en la Academia donde trabajaba el 2 de agosto de 1973.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Y un 29 de septiembre de 1973 se dieron el “sí, quiero”

Todo esto significaba algo… algo estaba por llegar… algo importante… y ese algo ocurrió el 29 de septiembre de 1973, fecha en la que mi padre y mi madre se dieron el “sí quiero” en la parroquia San José de Tarrasa.

El convite se celebró en el Restaurante Cavall Bernat situado en un paraje idílico y natural de la población de Matadepera. El restaurante era una majestuosa “masía” que brindaba además una excelente cocina.

Mis padres querían una celebración íntima por lo que sólo invitaron a los familiares más allegados y a los amigos más cercanos. En total eran unos 20 invitados que fueron colocados en una gran mesa rectangular.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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Recuerdos de un día que fue inolvidable

Los invitados recuerdan lo bien que se lo pasaron y el abundante y exquisito banquete con el que fueron agasajados. Se cuenta que había tantos entrantes que los invitados pensaban que esos aperitivos serían el banquete en sí y comieron de ellos hasta quedar saciados.

Sin embargo, la sorpresa de los asistentes fue colosal, cuando después de esos cuantiosos y suculentos entrantes, los camareros empezaron a servir un primer plato, después un segundo plato y finalmente la tarta nupcial….

“Y colorín colorado, este cuento aún no ha acabado”

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021
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