Seleccionar página

El mundo que conocía se derrumbó ante mis ojos…

Ese día fallecía mi padre (conocido por infinidad de nombres: El Gran Pakitin, Pacolin, Pakolonos, Paquillo, Paquito, Pacoto, Paki-ito, tío Paquito, abu Pakitin), el hombre más honrado, leal, íntegro, incorruptible, justo, piadoso, bondadoso, divertido, generoso, … (podría no acabar nunca de enumerar sus cualidades) que he conocido en mis 45 años de vida.

Mi padre padecía diversas patologías y tomaba todos los días bastantes pastillas para mantener a raya sus dolencias. Una de sus frases era:

Si estás constipado y no te tomas nada, el resfriado durará siete días y si tomas algo durará una semana

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Aún así, para tratar sus patologías que revestían más gravedad era muy disciplinado y se tomaba siempre su medicación. Por las noches rellenaba su pastillero para tener sus medicamentos preparados para el día siguiente.

Una de las medicaciones que tomaba se llamaba Stalevo y me acordaré siempre que cuando él deletreaba ese medicamento siempre decía:

Stalevo, escrito con “s” líquida

Ninguna de las dolencias que padecía mi padre le impidieron disfrutar de la vida, con sus limitaciones, pero siempre adaptándose a la situación. ¡Tenía tantas ganas de vivir!

Nuestro médico de cabecera (“El Gran Oráculo”, según mi papi), el Dr. Zay, llegó a llamar “superviviente” a mi padre por tantos problemas de salud que había padecido y que siempre había superado. Mi papi aceptaba esta condición de superviviente con una mezcla de incredulidad y modestia. En algunas ocasiones mi papi se preguntaba, con cierto temor, qué médico de cabecera nos tocaría si el doctor Zay se jubilase puesto que era nuestro médico de cabecera desde que llegamos a Zaragoza hacía ya treinta y un años.

Mi padre recordaba, que la primera vez que el doctor Zay lo trató médicamente, fue un día que recién llegados a Zaragoza le dieron unas tremendas tiritonas.

Desde muy pequeño mi padre tenía episodios de tiritonas cuando le subía la fiebre…

Cuando tenía uno de esos episodios, pedía que le tapasen con muchas mantas porque no paraba de temblar y tenía frío. Al cabo de unos minutos se le iban las tiritonas y se empezaba a quitar las mantas porque tenía calor.

Así que ese día, allá por finales del 1989, el doctor Zay fue a visitar a casa a mi padre por unas fuertes tiritonas debido a una gripe “galopante”. Cuando el galeno le preguntó a mi padre cómo se encontraba, mi padre, desde lo más profundo del alma le dijo:

¡Estoy hecho polvo!

Y así se inició una relación paciente-médico, la cual fue evolucionando con el tiempo hasta llegar a ser una relación en la que primaba la confianza que mi padre depositaba en él y el magnífico ojo clínico que poseía este doctor. Incluso en algunas ocasiones mi padre bromeaba diciendo que podría venir con nosotros cuando nos íbamos de vacaciones para tenerlo cerca por si necesitábamos de sus servicios y sapiencia en esos días de asueto.

Su nueva fecha de nacimiento…

La gran prueba de supervivencia que pasó mi padre fue una duodenopancreatectomía que le realizaron el 28 de marzo de 2017. Es decir, le extirparon el páncreas, parte de duodeno y la vesícula. Y como decía mi padre de broma:

¡Y sabe Dios cuántas cosas más me habrán quitado!

Fue intervenido por el Dr. Esarte que, literalmente, le salvó la vida. El doctor Esarte es una eminencia en el campo que operó a mi padre y sobre todo tiene una extraordinaria calidad humana. Desde entonces, entre mi padre y ese doctor, se creó un vínculo muy especial. Ese vínculo que se crea entre salvador y salvado. Entre los dos hubo una gran conexión desde el principio.

Así, el día de su operación se convirtió para mi papi y para nosotros en su “nueva” fecha de nacimiento. Después de todo por lo que había pasado, todos confiábamos en que saldría adelante de su último revés de salud. Pero esta vez fue diferente, no fue como las anteriores veces.

Esta vez fue demasiado para su delicado corazoncito y cuerpecito…

… y ya no pudo aguantar más. La muerte aprovechó su debilidad para llevárselo. ¡Y mira que luchó durante su estancia en el hospital a pesar de todas las “perrerías” y los “traqueteos” (palabras literales de mi papi) a los que fue sometido!

Cuando mi padre fue ingresado en el hospital, había un determinado colectivo de enfermeros, que no la generalidad, que parecía que iban a pasar el rato al hospital en vez de a cuidar enfermos. Trataban a los pacientes como si fueran “sacos de patatas”. Pienso que el sector de la sanidad tendría que necesariamente ir de la mano de la vocación voluntaria y la dedicación abnegada. De lo contrario, los enfermos en particular, y sus acompañantes en general, viven situaciones que no imaginarían que pudiesen tener cabida en un ámbito tan frágil cómo es el cuidado y el respeto a la vida de un ser humano que sufre y padece.

Y se fue… y nos dejó…

Se ha ido mi confidente, mi cómplice, mi consejero, mi conversador, mi guía, mi faro, mi rumbo, mi brújula, mi profesor, mi templanza, mi sosiego, mi refugio, mi puerto, mi apoyo, mi clave de humor, mi música, mi alegría, mi luz, mi sol, mi luna, mi locura.

Como decía la canción “Dulce Locura” del grupo de música “La oreja de Van Gogh”:

Pero no me pidas que quiera vivir
Sin tu luna, sin tu sol, sin tu dulce locura
Me vuelvo pequeña y menuda
La noche te sueña y se burla
Te intento abrazar y te escudas
Pero no me pidas que quiera vivir
Sin tu luna, sin tu sol, sin tu dulce locura
Llorando como un día de lluvia
Mi alma despega y te busca
en un viaje que no vuelve nunca”.

O como la canción “Sin ti no soy nada” que compuso la banda de música de Zaragoza “Amaral” que entonaba la letra:

Sin ti no soy nada
Una gota de lluvia mojando mi cara
Mi mundo es pequeño
y mi corazón pedacitos de hielo

O como decía la canción de la compositora canaria Rosana Arbelo, “Si tú no estás”:

No quiero estar sin ti
Si tú no estás aquí me sobra el aire
No quiero estar así
Si tú no estás la gente se hace nadie
No quiero estar sin ti
Si tu no estás aquí me falta el sueño
Derramaré mis sueños si algún día no te tengo
Lo más grande se hará lo más pequeño
Pasearé en un cielo sin estrellas esta vez
Tratando de entender quién hizo
Un infierno el paraíso
No te vayas nunca, porque no puedo estar sin ti
Si tú no estás aquí, me quema el aire”.

Se ha ido mi todo…

Se fue mi “zascandil” preferido. Yo le llamaba así porque se “dispersaba” enseguida.

Igual estaba en su despacho organizando sus sellos y al momento se iba al cuarto de mi hermano Nacho (cuarto habilitado para el Meccano) a acabar de poner una tuerca a alguna construcción que tenía entre manos. En el camino de su despacho al cuarto de mi hermano, incluso podía pararse para consultar el significado de alguna palabra en la enciclopedia Larousse que había en el salón.

Todos los roles (mi padre hubiese utilizado una palabra más española como “papeles” o “funciones”) que desempeñaba mi papi en mi vida han quedado vacantes. Y no sólo eso, sino que también he perdido el particular estilo con que mi papi desempeñaba dichos roles. Igual, con el tiempo, de forma consciente o inconsciente, yo adoptaré alguno de ellos. Otros roles, también de forma consciente o inconsciente, se los asignaré a otras personas o ellas los adoptarán sin darse cuenta. Pero van a quedar muchos roles huérfanos.

Dicen que cuando un ser querido muere, una parte de los que le aman muere con ellos y que una parte del que fallece vive en los que le amaron.

Desgraciadamente, amar significa perder lo que hemos tenido el privilegio de amar puesto que vivir también es morir.

«Nunca viene bien»…

A una clienta de mi trabajo se le murió hace poco su padre a la edad de 98 años y cuando le preguntamos que qué tal se encontraba, nos contestó: “Nunca viene bien”. Esta frase se me ha quedado grabada y es que no importa a la edad a la que muera un ser querido.

Si el ser querido muere muy joven, duele porque se ha ido muy pronto y le han quedado muchas cosas por vivir. Es el dolor por lo que ha dejado de vivir. Si el ser querido muere mayor, duele porque la persona que se va ha vivido muchas experiencias, su presencia ha sido más dilata en el tiempo y hay muchos momentos vividos con ella. Es el dolor por lo que ha dejado a lo largo de su vida y que no se volverá repetir.

«Es ley de vida»…

La gente dice, para consolarte, que hay que seguir adelante, que es ley de vida, que con el tiempo todo será más llevadero, que hay que ser fuerte, que él ya no sufre, que él está en el cielo, que a él no le gustaría verte llorar.

Todas esas frases tranquilizan en la superficie, pero no calman el sufrimiento interior, el sufrimiento del alma.

Ojalá nos enseñaran desde pequeños, junto con las matemáticas y la literatura, a gestionar las emociones y sanar las heridas del alma por la pérdida de un ser querido. Tampoco nos enseñan cómo apoyar a una persona que ha perdido a un ser querido. Los seres humanos no estamos “a gusto” con el dolor y la tristeza y huimos de ellos. Nos cuesta enfrentarnos a ellos. 

Mi padre ya no está…

… y mi calma interior la encuentro en los recuerdos que tengo de él.

… Tengo su voz en sus audios, su imagen en sus fotos, su melodía en sus canciones y sus olores en sus perfumes.

… Ya no tengo sus abrazos, sus besos, ¡le echo tanto de menos!

… ¡Nadie me volverá a llamar «Moniquilla» como lo hacía él!

… ¡Nadie me volverá a llamar “Pulpillo” o “Pulpillin”!

… No volveré a verlo físicamente, pero lo siento cada vez que respiro, cada vez que me muevo, cada vez que pienso… cada vez que vivo.

De repente siento, que, sin darme cuenta, me he convertido en una prolongación de su ser y comparto mi tiempo con los que le quisieron, le quieren y le querrán. Esta es mi manera de hacer que su esencia no desaparezca a pesar de que el tiempo pase.

Pero siempre estará presente en nuestras vidas…

Estoy segura que los ángeles acompañaron a mi padre en su último suspiro. Los ángeles, y él mismo, nos acompañan y acompañarán a mi familia y a mi en estos duros y difíciles momentos. Esos ángeles están a nuestro alrededor. Yo los he visto, los he sentido. Es ese familiar o amigo que te dice unas palabras o hace algo que nos cambia la vida. O incluso es ese desconocido que dice la frase adecuada en el momento adecuado. No son ángeles del cielo, son ángeles de la tierra que, intencionadamente o sin darse cuenta, te arropan, te sostienen y te empujan hacia arriba, no para tocar el cielo sino para salir de las tinieblas.

Todo cambió el 17 de Mayo de 2021

Él ahora es eterno…

FRANCISCO MORILLO PÉREZ, ¡PRESENTE!

El escribir sobre mi padre me está ayudando a descubrir facetas de su vida que incluso yo, que pasaba tanto tiempo con él, desconocía y que me han confirmado que se ha ido un ser excepcional, magnánimo, irrepetible e insustituible. Pensaba que un ser tan bueno no moriría nunca.
 
Pero él siempre estará presente en nuestras vidas de un modo u otro.