Los riñones son dos órganos del cuerpo que tienen forma de habichuela y se ubican hacia la mitad de la espalda, uno a cada lado de la columna vertebral, bajo la caja torácica y detrás del abdomen. Si palpas con las manos esa zona del cuerpo no puedes sentirlos, pero están ahí, bien integrados en la estructura corporal. La mayoría de la gente tiene dos riñones pero se puede llevar una vida normal con un sólo riñón e incluso es posible donar uno de ellos para trasplantárselo a otra persona.
Su función principal es la de filtrar los desechos de la sangre y equilibrar los niveles de sales minerales y agua en nuestro organismo lo que a su vez ayuda a regular la presión arterial. Así depuran toda la sangre del cuerpo varias veces al día y retiran los productos de desecho y gran cantidad de líquido extra que es la orina. En el proceso de expulsión de la orina intervienen otros órganos como los uréteres, la vejiga y la uretra formando todos ellos el aparato urinario. Así la orina discurre por los uréteres hasta la vejiga y sale del cuerpo por la uretra y la sangre, una vez depurada, regresa al torrente sanguíneo por las venas.
También participan en la activación de la vitamina D de forma que el cuerpo pueda utilizarla para absorber el calcio de los alimentos y, en consecuencia, mantener los huesos fuertes. Y finalmente, cabe destacar que además intervienen en la producción de glóbulos rojos.
Llevándolo al aspecto psico-emocional, los riñones, al ser dos, se vinculan a las dualidades de la vida y a las relaciones con un segundo individuo. Responden a nuestra relación con el fluir de la existencia y con la comunicación y comunión con otras personas. Dicha comunicación y comunión se hace no tanto a través de la palabra sino a través de lo visceral, la empatía y la comprensión de los instintos y las necesidades propias y ajenas. Por eso cuando en una reunión social se comparte un taza de té, o café, o una copa de alcohol, como son bebidas diuréticas, los riñones se activan favoreciendo la comunicación y la entrada en sinergia de los que las comparten.
Sus riñones
Mi padre solía utilizar en su lenguaje expresiones con la palabra riñón. Así, por ejemplo decía:
«Me ha costado un riñón»
si algo que había comprado era muy caro.
O exclamaba:
«Tiene el riñón bien cubierto»
si alguien tenía dinero o riqueza.
Hace muchos años, y durante una buena temporada, mi padre llevaba riñonera cuando salía a la calle. Ese pequeño bolso, con cierre de cremallera que se colocaba en la cintura ajustado mediante una correa, le ofrecía la ventaja de dejarle libres las manos y los bolsillos. Muchos la consideraban parte del estereotipo del turista, junto con las camisas de flores y las chanclas con calcetines, pero resultaban muy prácticas y cuando mi padre se iba a la calle metía allí sus carteritas.
Y es que él tenía la manía de llevar a retortero muchas carteritas de bolsillo, una por cada tarjeta de identificación que tenía. El carnet de Hacienda lo llevaba en una carterita, el DNI en otra carterita, la tarjeta de afiliación a la Falange en otra y el carnet del polideportivo San Agustín en otra más.
Al mencionar el DNI me ha venido a la memoria que cuando mi padre decía el número de su DNI, como éste acababa con la letra “A”, añadía la coletilla final de
“A de Antonio”
Como mi DNI acaba con la letra A, cuando digo mi número de DNI añado también esa coletilla en honor a mi padre.
Hay que recordar que en los años 80 las riñoneras eran un complemento indispensable pero después de varios años de auge, las riñoneras fueron enterradas en la década de los 90. Y como mi padre en ocasiones seguía los cánones de la belleza y la moda, pasó de llevar riñoneras a llevar bandoleras.
Es conocido, y temido, por todas el llamado «parto de riñones». Este tipo de parto no existe como tal, es decir, no hay un parto en el que la mujer de a luz a través de los riñones o de la función renal, pero dicha expresión se suele utilizar cuando las contracciones del parto se producen precisamente en la zona lumbar en el momento de dar a luz. En ese caso el vientre se endurece y un dolor insoportable se irradia desde la tripa hasta la parte baja de la espalda donde están los riñones.
Estas contracciones pueden ocurrir por la noche y pueden deberse a la posición del bebé dentro del vientre cuando su cabeza presiona la espalda de la madre por la forma del útero o simplemente porque la mujer tiene mayor sensibilidad en la zona lumbar.
Pues bien, mi madre tuvo «parto de riñones» al dar a luz a su primogénita, mi hermana Patricia. Mi madre salía de cuentas el 31 de julio de 1974 y mis padres fueron al hospital el día 30 de julio para que, como el Doctor Areces que le asistiría en el parto se iba de vacaciones de verano, pudiesen adelantarle el alumbramiento. Sin embargo al llegar al hospital no pudieron adelantáselo porque parecía que mi hermana Patricia aún no tenía la intención de salir del vientre de mi madre por lo que mis padres se volvieron a casa.
Cuenta mi madre que el 1 de agosto estaba regando sus plantas de la terraza del piso de La Ciudad de Los Ángeles (Madrid) y fue a visitarla una amiga suya, y la que sería la futura madrina de mi hermana Patricia, Teresa Z., y que ésta exclamó al verla:
«Mari Carmen tú ya estás»
Ese mismo día por la noche mi madre no paró de ir al lavabo a hacer pis y ya sentía que la llegada de mi hermana era inminente por lo que el 2 de agosto, muy temprano por la mañana, fueron al hospital. Mi madre le dijo a la matrona:
«¡O estoy de parto o tengo un cólico nefrítico!»
y la matrona la tranquilizó diciéndola:
«Hasta las dos o tres de la tarde no empezarás con las contracciones»
Dicha afirmación estaba muy lejos de la realidad ya que mi madre se puso de parto a las diez y cuarto de la mañana y a las once menos cuarto, después de contracciones muy dolorosas, mi hermana Patricia llegó a este mundo.
Efectivamente, mi madre en aquella ocasión no tenía un cólico de riñón sino un parto y es que aunqe el dolor de ambos sea parecido cada uno se origina por motivos diferentes. En el caso del cólico de riñón dicen que el miedo es una de las causas que lo motivan. Se cree que los riñones son la «sede del miedo» ya que las glándulas suprarrenales, que se encuentran justo por encima de cada uno de los riñones, segregan hormonas como la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol.
Estas hormonas se manifiestan en situaciones de tensión y, así, en un estadío de normalidad este «miedo» es eliminado por los riñones a través de la orina y de esta forma se mantiene el equilibrio en el sistema urinario.
Sin embargo existen muchas personas con estrés crónico y miedos guardados. Estas actitudes de reserva de emociones, y de miedos que no se saben asimilar ni superar, repercuten en los riñones. En dichas circunstancias se ven afectados por la sobre actividad de las glándulas suprarrenales que producirán noradrenalina, adrenalina y cortisol en exceso. Entonces, podrían surgir molestias renales, pérdida de minerales por la orina, o su opuesta, la calcificación y con ello los cálculos renales.
Emocionalmente los cálculos renales se describen como lágrimas sin derramar, penas o tristezas que se materializan o trastornos que debieron ser desterrados pero aún han quedado retenidos. Físicamente y fisiológicamente son piedras, principalmente de calcio, que se producen en la parte interior de los riñones. Éstas se acumulan allí, se compactan y forman un cálculo que, mientras está pegado al riñón, no suele doler. El problema es cuando se suelta ya que, hasta que logra salir, puede doler muchísimo. Lo que se conoce como cólico de riñón.
Mi padre padeció de cólicos de riñón a lo largo de su vida. Recuerdo que en la playa a mi padre le gustaba tirarse de cabeza, a su manera, cuando las olas rompían en la orilla. Un verano en Blanes en el que estábamos en los apartamentos Europa, fuimos un día a la playa y mi padre practicó ese arte suyo de tirarse de cabeza a ras de la orilla. En esa ocasión tuvo tan mala suerte que se torció el pie y se fue cojeando de la playa como lo atestigua una foto que hicimos a mi padre y a mi hermano justo después del percance.
La cojera le duró todo el verano. Pero lo peor es que ese mismo verano mi padre también padeció un cólico de riñón que, como bien decía él:
«se las hizo pasar canutas»
Y es que el dolor de un cólico de riñón es realmente muy fuerte y quien lo padece una vez no lo olvida jamás puesto que es completamente imposible compararlo con otro tipo de dolor.
Mi padre era tan consciente de lo doloroso que era un cólico de riñón, y lo importante que era cuidar los riñones, que desde que mis hermanos y yo éramos pequeños siempre que llegaba el invierno nos decía:
«Abrigaros bien los riñones no vayais a coger frío»
Esa frase, que mi padre tanto utilizaba, se basaba en una creencia popular ya que hubo un tiempo en el que en los periodos de más frío se producían infecciones de garganta que eran causadas por unos gérmenes poco usuales y que podían estar relacionados con enfermedades renales. Se tratataba de un tipo especial de estreptococo que producía a su vez una glomerulonefritis aguda, es decir una inflamación de los pequeños filtros de los riñones (glomérulos).
Este tipo de estreptococo producía epidemias locales y, lo que inicialmente parecía un brote de catarro o de dolores de garganta, con los días se convertía en hematuria (sangre en orina) o en fallos renales, de los que una pequeña proporción de la población fallecía y los demás se recuperaban. La única manera de frenar la epidemia era evitando la transmisión de la faringitis que era la afección primaria.
Hoy en día estas cepas de estreptococo siguen estando en la naturaleza pero en la mayoría de los países son mucho menos peligrosas porque la inmunidad general de la población ha mejorado. Sin embargo, a causa de estos problemas específicos de infecciones de vías respiratorias asociadas a problemas renales, aún subsiste el mito del «enfriamiento de riñones».
Los gatos también tienen dos riñones y cumplen las mismas funciones que los del ser humano. Debido a que sus riñones son muy pequeños, los problemas renales son relativamente frecuentes en los mininos. En nuestra casa siempre hemos tenido gatitos, primero fue Ulysses y ahora es Pitusa, y ambos padecieron, y padecen, esa enfermedad.
Ulysses, era un gato anaranjado y blanco, un gato común en especie, pero un gato extraordinario para nosotros.
A Ulysses le gustaba arañar el papel de la paredes del salón. Eso lo hacía cuando no estábamos ninguno de nosotros por los alrededores y entonces, si oía que nos acercábamos, arañaba más rápido. Tuvimos que cambiar ese papel de la pared porque lo dejó echo trizas. Mi hermana Patricia guardó, como recuerdo, un trozo de ese papel arañado por nuestro gatito.
Lamentablemente Ulysses se puso malito por una insuficiencia renal y murió a los catorce años. Todos en la familia quedamos devastados. Aunque mi padre se educó en la época en la que se decía que los hombres no debían llorar para no mostrar debilidad, en aquella ocasión mi padre derramó lágrimas por ese minino que nos hizo tan felices durante tantos años.
Posteriormente tuvimos a Pitusa. Se la regalaron a mi hermana Patricia sus amigas, María, Yolanda y Marisol, a los meses de fallecer Ulysses. Es una bendición de animalito. Pitusa es una gatita gris y negra atigrada.
Es una princesa. Una gata muy cariñosa y muy tranquila. Cuando la llevamos al veterinario siempre nos dicen que es una gata muy buena, se deja hacer todo sin apenas protestar.
Cuando mi padre dormía la siesta Pitusa siempre le acompañaba. O bien colocándose encima de sus tibias, si mi padre tenía las piernas elevadas en una silla, o bien detrás de él apoyada en el cabecero del sillón.
Creo que él no se entregó tanto a ella, como lo hizo con Ulysses, por el temor que tenía de perderla. Sin embargo mi padre se marchó cuando Pitusa tenía unos diez años y ella fue la que sintió mucho la ausencia de El Gran Pakitin.
Nuestra Pitu tiene ahora casi catorce años y desde hace unos cuantos padece insuficiencia renal en uno de sus riñones. Pero es que desgraciadamente en el riñón que no tiene insuficiencia renal, es decir, en el riñón sano, le aparecieron unas lesiones malignas hace año y medio. Como ya sabemos más sobre esas enfermedades renales la cuidamos mucho para que su vida sea la mejor posible mientras siga en este mundo con nosotros.



















